jueves, 3 de marzo de 2011

Energía o pobreza, nuestro dilema. Meditaciones y sugerencias en relación a la estrategia energética de Chile.

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No cabe duda que en materia energética estamos “al debe” como país. Nuevamente nos persigue el fantasma de los racionamientos energéticos, ahora debido a la sequía, anteriormente debido a proveedores poco confiables; en fin, nada nuevo en estas materias. La contingencia actual se explica por una matriz energética insuficiente y con altos riesgos estacionales debido a su fuerte dependencia de factores climáticos.

La demanda de energía crece en Chile a una tasa bastante mayor que el PIB y, probablemente, mientras no lleguemos a ser un país desarrollado, seguirá creciendo a ese ritmo. El problema está en que la oferta efectiva no ha crecido a la misma tasa que la demanda, por lo que ya hemos visto en los últimos años una inaceptable alza de los precios de la electricidad que hacen de Chile uno de los países con la energía eléctrica más cara del mundo.

A menos que cambiemos drásticamente y en forma inmediata el ritmo de inversión, la fuerte alza del costo de la energía eléctrica frenará considerablemente el crecimiento económico de Chile y dilataremos por varios años más el sueño de convertirnos en un país desarrollado. O energía o pobreza, ése es el dilema.

En mi opinión las razones de esta crítica situación están en una débil y errada planificación y liderazgo estratégico, en la escasa integridad de los criterios de decisión utilizados en el pasado, en los incentivos e intereses económicos de las grandes generadoras y distribuidoras y en la poca determinación y voluntad política de los gobiernos de turno.

Es así como nos pasamos meses y años, de un gobierno a otro, en el debate táctico-político de si construir o no la central HidroAysén, la termoeléctrica Barrancones, instalar una planta de energía nuclear, etc, y nos vamos atrasando irreversiblemente, mientras el costo de la energía eléctrica nos sube año a año hasta que un día nos terminará asfixiando.

Creo que a esta altura ya debiéramos tener algunos consensos y aprendizajes:
1) Es urgente empezar a invertir a un ritmo acelerado en fuentes de energía
2) Las energías renovables, limpias y poco invasivas ("ERLPI": energía solar, eólica, centrales de paso, etc, además de nuevas formas que se estén desarrollando en estos momentos y que aún no son comercializadas abiertamente) deben jugar un rol clave en el crecimiento de la matriz energética, pues debemos cuidar el medioambiente y el patrimonio natural que heredaremos a las futuras generaciones.
3) La dependencia estratégica de proveedores poco confiables para Chile es un riesgo que no podemos volver a asumir
4) Debemos reducir la dependencia de nuestra matriz energética de variables climáticas
5) Debemos reducir el riesgo de nuestra matriz energética en períodos de alta demanda

En vista de la evolución de las tecnologías, del consumo y del crecimiento económico de Chile, la estrategia energética debe ser diversificada geográficamente, combinando generación centralizada con generación descentralizada y aprovechando las ventajas de cada región para seleccionar su fuente energética más adecuada. Por ejemplo, algunas medidas que podrían ser parte de la componente descentralizada:

1) Incentivar el desarrollo de plantas de ERLPI locales para proveer a grandes consumidores de electricidad.

Incentivar el desarrollo de plantas locales de energías renovables, limpias y poco invasivas reduciría fuertemente el riesgo y la presión que el crecimiento de los grandes consumidores pone sobre el sistema centralizado y sobre el resto de los consumidores. A su vez reduciría el costo de transporte de la energía pues, al tratarse de plantas locales, no se requerirían largos tendidos eléctricos para llegar al consumidor.

Las grandes empresas mineras se llevan una parte relevante del consumo y seguirán creciendo aceleradamente debido al boom de los minerales. Un buen porcentaje de esta demanda está en el norte de Chile donde tenemos uno de los territorios más soleados del planeta. Plantas de energía solar de 30MW o más se construyen muy rápidamente hoy en día en muchos lugares del mundo (toma alrededor de un año). La inversión todavía es alta en relación a otros tipos de plantas, pero el rápido avance de las tecnologías fotovoltaicas están permitiendo bajar los costos de inversión en forma muy acelerada (avance que no se ve en otras tecnologías de generación eléctrica). Por otor lado, el costo de operación y mantención de una planta de energía solar es muy bajo y, dadas las altas tasas de irradiación de nuestro norte, la producción de electricidad durante el día sería muy estable para plantas instaladas entre la I y la IV regiones, donde además los terrenos son relativamente baratos. Dichas plantas pueden crecer gradualmente mientras haya territorio adecuado disponible, adaptándose a las necesidades de estos grandes consumidores sin poner en riesgo al resto de los consumidores. Podríamos producir una interesante externalidad positiva invirtiendo a la vez en la atracción de investigadores e ingenieros para el desarrollo y patentamiento de nuevas tecnologías de energía solar en Chile, lo que nos podría transformar en futuros proveedores de servicios y tecnología solar para otros países de la región.

En otras regiones debiéramos incentivar el desarrollo y explotación de otras fuentes más adecuadas para dichas localidades, como las eólicas, centrales de paso, etc.

2)     Incentivar la autogeneración con ERLPI en edificios de oficinas y habitacionales. Estableciendo los incentivos y la normativa adecuados a las empresas constructoras y/o consumidoras podemos asegurar que un alto porcentaje de los futuros edificios se construyan con sistemas de autogeneración como paneles solares, celdas fotovoltaicas, sistemas eólicos, etc. Y con los incentivos y normativa adecuados podríamos lograr lo mismo en un buen porcentaje de los edificios de oficina y habitacionales ya existentes. Edificios de oficina y habitacionales podrían así obtener ahorros sustanciales en sus cuentas mensuales de electricidad y descargar la presión sobre el sistema de generación central.

Esto puede ser complementado con un fuerte impulso al uso de las tecnologías de ahorro de energías en edificios de oficinas y habitacionales. 

3) Incentivar la autogeneración casera. La misma idea anterior puede ser extensiva a las casas particulares, y, aunque en este caso se pierden ciertas economías de escala, los ahorros para el consumo eléctrico del hogar pueden ser igualmente considerables.


Chile debe ponerse a la vanguardia de la innovación en la matriz energética y a la vanguardia de la investigación y desarrollo de nuevas fuentes de energía. ¡No podemos seguir esperando!

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