Sunday, September 9, 2012

Aportando un grano de arena a la descongestión urbana

El 10 de febrero del 2007 marcó un hito oscuro en la historia del transporte público de Chile. Ese día se inauguraba el Transantiago, proyecto ambicioso, necesario y bien inspirado, pero con profundos errores de diseño e implementación. Su desastrosa puesta en marcha hizo tambalear al gobierno de Bachelet, hirió la imagen de Sonda y hundió en la vergüenza al Bambam Zamorano, pero, por sobre todo, produjo inmensos dolores de cabeza, hizo sufrir y perder el tiempo (e incluso perder el trabajo) a miles de chilenos y, probablemente, explica en buena medida por qué la Concertación perdió la reelección el 2009 -el electorado terminó castigando la ineficacia de un gobierno empático, pero que técnicamente dejó bastante que desear-. Y a los 7 años de su lanzamiento, el Transantiago le ha significado a Chile un desembolso de cerca de 10.000 MMUS$ (para que tengamos una idea de las proporciones, ese dinero corresponde aproximadamente a 8 veces lo que recaudará la reforma tributaria el próximo año, dos veces lo que costaría realizar un viaje tripulado a Marte o 1.5 veces la fortuna que amasó Steve Jobs...)

No es difícil entender entonces la mala imagen de marca que aún arrastra el Transantiago y por qué mucha gente "le hace el quite" o simplemente nunca siquiera le ha dado una oportunidad. Aquéllos que pueden mantener un auto prefieren aferrarse a éste antes que entregarse al mal reputado sistema de transporte público. Es así entonces cómo vemos crecer el parque automotriz descontroladamente, congestionando Santiago hasta que probablemente en un par de años más lleguemos al punto de inutilizar la otrora excelente infraestructura de carreteras urbanas.

Yo me contaba entre los que no daba un centavo por el Transantiago...hasta hace algunos meses. Sí, hace algunos meses sufrí la restricción vehicular, que me dejó de "patitas en la calle" un día viernes. Hace algunos meses también oí al ministro de transportes en televisión hablando de cuánto había mejorado el servicio del Transantiago en el último tiempo. Y desde hace algunos meses estaba sufriendo como nunca la congestión vehicular, acentuada por la instalación de un nuevo colegio en el barrio. Pero, lo que definitivamente gatilló mi cambio de "mindset" fue la observación de que al menos el 90% de los miles de autos que circulan por estos barrios a las horas de más congestión lo hacen con una sola persona en su interior. Un conductor manejando como zombi, inerte y resignado al ritmo latente de 15kms/hr, contribuyendo generosamente al calentamiento global, a la contaminación del aire y a los intereses de las petroleras. Mientras, en el universo paralelo y solitario de su desocupada cabina vehicular, ingiere la anestesia aislante del iPod, la radio y el celular, generando inconscientemente una patética puesta en escena de la desinteligencia colectiva del sistema de transporte urbano privado.

Entonces, decidí darle una oportunidad al vapuleado transporte público...

Nervioso, asustado, inepto, como alguien "en su primera vez" (al menos primera vez en casi dos décadas), me armé de valor ese día viernes, tomé una tarjeta bip! y me fui a la aventura...Esa primera vez iba sicológicamente preparado para todo: para una cola y una espera eternas en el paradero, para irme parado en el pasillo o colgando de la puerta, para el vil ataque de un flaite, etc.

Grande fue mi sorpresa cuando nada de lo anterior sucedió: esperé no más de 10 minutos en el paradero, me fui sentado todo el viaje y no me atacó un flaite...Y ha sido así todos los meses en que he estado usando el sistema uno o más días a la semana desde esa primera vez. Y será que mis expectativas eran tan bajas, que la congestión ha deteriorado tanto la calidad del transporte en auto o que efectivamente el sistema público ha mejorado considerablemente durante el último tiempo, pero en estos meses he descubierto además una serie de virtudes del Transantiago que ni se me había ocurrido evaluar, como, por ejemplo: el poder aprovechar mucho mejor el tiempo de viaje de ida y vuelta al trabajo para leer, navegar por internet y contestar esos emails pendientes; el hecho de ahorrarse decenas de miles de pesos al mes en bencina y en tag; el reducir el riesgo de choques y el hecho de poder comenzar el día de trabajo más relajado y descansado, sin el estrés que provoca el atravesar la ciudad manejando en esa congestión insufrible de las horas punta. Y, como "guinda de la torta", el jueves pasado, de vuelta del trabajo, me encontré con mi hijo volviendo de la universidad...


Bueno, ahora que parece que está arreglado el sistema, ¿habrá llegado acaso el momento de que el electorado castigue la falta de empatía de un gobierno técnicamente eficaz, pero que políticamente ha dejado harto que desear?

Mientras tanto, a los que no hayan probado el Transantiago: los invito a evaluar sus virtudes y a olvidar los temores, pues ¡esta cosa funciona! 

¡Nos vemos a bordo!

Saturday, February 11, 2012

¿Camino a la prosperidad iletrada?


Playas, riberas y parques llenos de desechos, esclavitud por endeudamiento, adicción a la comida chatarra, al alcohol y a las drogas, ciudades tapizadas de grafitis, desprecio por los bienes y patrimonios públicos, desprecio por la historia, la cultura y el lenguaje, 70% de incomprensión de lectura, el apedreo como monólogo y permanente forma de expresión, recursos naturales depredados, daño irreversible al medio ambiente, desprecio por los derechos del vecino, asfixia por contaminación ambiental, tacos infernales, el culto de lo antiestético, la tolerancia de lo decadente, en fin, las enfermedades y consecuencias de la voracidad del hombre en su más libre y empoderada expresión podrían ser el end game de una sociedad que avanza a paso firme a un choque frontal entre desarrollo económico y subdesarrollo cultural.



Y es que al paso que vamos cuando alcancemos los 20.000US$ de ingreso per cápita que nos transformarán de un día para otro, milagrosamente, en ese tan anhelado "país desarrollado", ése con el que nuestros padres y abuelos sólo pudieron soñar, ése que yace allí en el futuro cercano como la gran zanahoria que energiza nuestras motivaciones, como la gran meta que parece justificar cualquier decadencia, en ese mismo momento de gloria para este "país emergente" que dejará de serlo, las hordas terminarán de salir a las calles, terminarán de destruir lo que se pueda destruir, ese día terminaremos de depredar los paisajes. Desde ese momento no habrá mucho más de qué sentirse orgullosos, ni de las hermosas playas, lagos y ríos, ni de los parques nacionales inmaculados, ni de la paz social y la estable democracia; y del lenguaje qué hablar, o aprendemos todos a comunicarnos a pedradas y a golpes o ya no podremos escucharnos; y de lo poco que nos queda de hospitalarios, ya no nos quedará nada...

Sí pues, mientras la economía nacional crece al 6% anual parece que la educación nacional retrocede al 12% anual.

No es sólo tarea de gobernantes, legisladores, instituciones, profesores y alumnos, es también tarea de todos los ciudadanos tomar consciencia en forma urgente, de que el dinero sin educación, sin cultura, sin respeto, sin dignidad y sin gusto, es como un arma en manos de un niño. La educación no sólo se recibe, también se busca, se cultiva, se imita, se aprende y se comparte.

Hagamos de éste un país desarrollado, pero en todo el amplio sentido de la palabra.

Monday, January 30, 2012

La saturación informativa, el cambio de paradigma y la singularidad tecnológica

1.     Los síntomas

21:00 hrs, el cerebro bombardeado, sobre-informado, sobrepasado, agotado, paralizado…

Al final de uno de esos días “excesivos” -que parecen estar haciéndose cada vez más frecuentes-, el cerebro ya no da ni para leer el email (un doble click te involucraría y obligaría a seguir procesando información, así que es mejor mantenerlo en la carpeta "no leídos" para el día siguiente, o para algún día…), ni para escuchar al jefe, ni para leer el diario; ni siquiera para actividades tan banales como Facebook o para ver la TV abierta queda ya una sola neurona palpitante (¡que para seguir la mayoría de la televisión abierta sería suficiente!).

Como reacción instintiva al creciente torrente de información que exige un creciente volumen de decisiones, las corporaciones han ido cayendo en el síndrome de la "reunionitis", ese exceso de convocatoria a un exceso de reuniones donde cada individuo pasa a ser un aporte insignificante al todo. Para qué hablar de la presencia ausente de la mitad de los participantes que a través de sus smartphones o tablets están en cualquier lugar menos en la reunión.

Y no se libra el resto de los ámbitos sociales de los estragos que están produciendo la fiebre de Internet, la híper-información y la híper-conectividad: caen dictaduras por doquier; se organizan movilizaciones a la velocidad de la luz; nuestros niños pasan parte importante de la noche en el ciberespacio y llegan muertos de sueño o sobre-estimulados a clases y sin capacidad de concentración (y la única solución que “el sistema” ha sabido dar es el Ritalin…); se  hace cada vez más difícil convocar a la familia en torno a la mesa y no es extraño discutir con tu pareja porque tu cerebro está en el ciberespacio o porque metiste a otra u otro en su cama (me refiero a la Blackberry o al iPad). Estamos cada vez más interconectados, cada vez más cerca de los más lejanos, pero cada vez más lejos de los más cercanos. La educación ya no educa para los tiempos actuales, la historia y la cultura pierden interés, la religión ya no convence y la democracia ya no representa…

Sí pues, tal como la conocemos hoy y con todo el respeto que nos merece, parece que nuestra amiga democracia o perdió el tren del progreso o le ha llegado repentina e inesperadamente la menopausia y nos está pidiendo a gritos un “fashion emergency”. No se ha puesto al día a la velocidad que exigen los tiempos. La juventud ya no se siente representada por políticos obsoletos y “desconectados”, por un sistema de lenta reacción, lleno de intermediarios, que no es capaz de escuchar, entender ni responder en forma directa e inmediata a sus demandas e ideas -como sí lo pueden hacer Google, Twitter, Facebook y tantos otros en el ciberespacio-, por un método electoral que sólo es capaz de capturar un par de segmentos de la sociedad -mientras la Internet es capaz de registrar, reconocer y responder a billones por nombre, apellido, gustos, redes, patrones de consumo, etc-, que para expresar nuestra opinión (¡y una sola opinión!) aún nos exige bloquear un día entero del calendario, desplazarnos físicamente varios kilómetros, escondernos tras una cortina para marcar nuestra preferencia con un lápiz sobre un trozo de cartulina, depositar el voto en una caja de madera o cartón y, como si fuese poco, antes de retirarnos, estampar nuestra huella dactilar y salir con el dedo manchado en tinta…No es sorprendente entonces ver tantos países desarrollados y en vías de desarrollo con gobernantes de popularidad tendiente a cero y a la vez sin nadie que les compita. Hace dos décadas decepcionó el comunismo y cayeron la mayoría de sus regímenes dictatoriales para convertirse al capitalismo; hoy decepciona el capitalismo, incluyendo sus versiones más socialistas. Y se nos acabaron los sistemas…(el original pero quizá irreplicable comunismo capitalista de China, con su libertad de emprendimiento enmarcada en una fuerte dictadura de control y planificación central parece ser una excepción, al menos parece tener cuerda para rato, generando por décadas prosperidad ininterrumpidamente creciente y pragmáticamente dosificando la entrega de libertades individuales para mantener la presión controlada).

2.     El diagnóstico

Sin lugar a dudas estamos sufriendo una acelerada, profunda y trascendente transformación, producto de las nuevas tecnologías y su impacto en la forma en que nos informamos, aprendemos, nos comunicamos e interactuamos. Se trata de un cambio de paradigma para la humanidad, que está afectando incluso la forma en que se desarrolla y funciona nuestro cerebro (para una mirada poco optimista, pero científicamente informada de esto leer Nicholas Carr, “The Shallows: What the Internet Is Doing to Our Brains”).

No sería la primera vez que la humanidad se ve enfrentada a un cambio de paradigma autoprovocado por su impulso de conquista y de dominio, por su ambición y su voracidad, pero también por su legítimo deseo de progreso, de resolver el problema vital y mejorar continuamente la calidad de vida. Y no es la primera vez que la humanidad sufre por los grandes ajustes que esto conlleva. En cada una de las grandes transiciones de la humanidad y con cada gran innovación ha habido ganadores y perdedores, sin duda. El Homo Sapiens eliminó al Neanderthal (según la teoría de Jared Diamond), la civilización europea arrasó con la americana, los fabricantes de autos arrasaron con los fabricantes de carruajes, la fotografía digital de Fuji llevó a la quiebra a Kodak, etc

No obstante, la historia nos enseña que en la mayoría de los casos la humanidad ha salido fortalecida de estas grandes transiciones. En general el hombre, como especie, se ha adaptado a los nuevos paradigmas, ha sabido y ha tenido que desarrollar nuevas habilidades e incorporar nuevos valores que han ido haciendo a la sociedad cada vez mejor desde el punto de vista de la libertad, la justicia, la participación, la ciencia, la tecnología y la calidad de vida en general (una de las obvias excepciones fue la transición hacia la Edad Media, que le produjo a la civilización occidental un retroceso de siglos). Muchos piensan, sin embargo, que la sociedad está cada vez peor. Esto puede ser efectivo en intervalos de tiempo cortos, de algunas décadas, pero a ellos los invito a mirar la historia desde una perspectiva de más largo plazo y a ponerse en el lugar de las mayorías menos afortunadas, no de las minorías privilegiadas que escribieron la historia feliz de cada época.

Por muy positivo que en general hayan sido los cambios de paradigma para el progreso de la humanidad, todo parece indicar que esta vez el fenómeno se nos viene especialmente grande y difícil, con algunas características que no tienen precedentes en la historia. Sorprendentemente, desde hace medio siglo ya algunos preveían lo que se nos venía.

En 1958 Stanislaw Ulam y John von Neumann (http://www.maa.org/devlin/devlin_04_09.htmlhttp://en.wikipedia.org/wiki/Accelerating_change, etc) especularon sobre el impacto que tendría la velocidad creciente del desarrollo tecnológico, que parecía estar llevando a la humanidad a una "singularidad tecnológica”, un punto más allá del cual la humanidad no sería capaz de ponerse al día con las nuevas tecnologías y no podría subsistir en la forma que conocemos.

En 1970 Alvin Toffler especuló y predijo (en su best seller "Future Shock") que no estábamos preparados como individuos ni como sociedad para enfrentar los problemas generados por un exceso de información y de cambios, gatillados por una nueva fuerza actuando en la historia, que él denominó el "impulso de aceleración". La sumisión del ser humano al estrés del exceso de decisiones y de cambios y a la sobre-estimulación sensorial y cognitiva, lo llevarían a la desorientación, al "shock futuro". Toffler discutía la necesidad de prepararse como sociedad y establecer un control colectivo del avance tecnológico...Y recordemos que en el año 1970 Toffler no vivía todavía siquiera el fenómeno de Internet, la revolución de las telecomunicaciones y la híper-conectividad.


En 1983 Gerald Hawkins profundiza las ideas de Ulam y von Neumann, creando el concepto de "mindsteps" o "saltos mentales” (G Hawkins: "Mindsetps to the Cosmos…”). Según Hawkins cada mindstep lleva irreversiblemente a la humanidad a un nuevo paradigma, a una nueva forma de pensar y comprender su relación con el cosmos. Algunos de estos mindsteps fueron las invenciones del telescopio, la televisión y el computador. Hawkins pudo ajustar una serie de tiempo a las fechas en que surgieron los mindsteps en la historia, lo que le permitió establecer dos cosas: (1) que los mindsteps suceden a una frecuencia creciente y (2), que el año 2053 la serie alcanzaría un límite, una singularidad, un momento a partir del cual los mindsteps comenzarían a sucederse sin intervalos de tiempo, sin descanso.

Sin duda algunos de los síntomas y cambios que hemos descrito aquí pueden asociarse a un mindstep, conformado en gran parte por la invención de Internet, los computadores personales y los dispositivos móviles inteligentes, que está revolucionando la relación entre las personas y los gobiernos, la distribución y el acceso al conocimiento y a la información, la velocidad de avance de las ciencias y tecnologías, la estructura de la economía, etc.

Entre fines de los 90 y principios de este siglo Peter Lyman y Hal Varian (en "How much information?" http://ow.ly/8eXjy) estudiaron el crecimiento del volumen de información producido globalmente. Llegaron a la conclusión de que la producción de nueva información crecía 30% anualmente (a las tasas del año 2000 esto equivalía a casi 1GB de información nueva por habitante cada año). En otras palabras ¡cada 3 años se duplica la tasa de producción de nueva información en el mundo! La nueva información crece diez veces más que las economías y mucho más que casi cualquier otra cosa que produce la humanidad.

Es comprensible entonces el cada vez menor interés que mostramos y el cada vez menor tiempo que dedicamos a estudiar y entender la historia, a consumir cultura, a cuidar el legado de nuestros antepasados, etc. Y esto sólo puede seguir empeorando, dado que en cada vez menor tiempo el mundo duplica la información y el conocimiento acumulados en toda la historia de la humanidad. En un par de meses una nueva tecnología puede producir tal impacto en nuestras vidas que se hace mucho más atractivo, más necesario y cada vez más urgente dedicar recursos y tiempo a abordar y entender esa nueva tecnología que a seguir preocupado por las cosas del pasado.

El colapso que estamos sintiendo como individuos y como sociedad y que probablemente sentiremos con cada vez mayor intensidad, se entiende en buena medida porque las capacidades biológicas, sicológicas, políticas y organizacionales que nos permiten procesar toda esta nueva información y de absorber toda la nueva tecnología y ciencia que nos bombardea con gigantescas tasas de crecimiento, están lejos de poder cambiar, adaptarse y crecer a esa misma velocidad. Un estudio reciente de Roger Bohn y James Short (http://ow.ly/8f1uN) muestra que entre 1980 y 2008 la tasa de consumo de información creció anualmente sólo a razón de 2.6% en horas (razonable, pues tenemos un número bastante limitado de horas al día) y a razón de 5.6% anual si se mide en bytes, lo que es considerable (el consumo medido en bytes se ha triplicado en 28 años), pero no llega ni a un quinto de la tasa de crecimiento anual con la que se produce la nueva información.

La evidencia cuantitativa y cualitativa entonces respalda el diagnóstico de que: (1) estamos sufriendo un cambio de paradigma o “mindstep” que nos está enfrentando a pruebas extremas y para el cual nuestras capacidades quedaron cortas; (2) este cambio de paradigma está ya en la zona de “alta pendiente” que nos lleva acelerada e inevitablemente a la “singularidad tecnológica” y (3) esta singularidad podría estar más cerca que lo que G. Hawkins predijo, pues la velocidad actual con la que se están introduciendo nuevas tecnologías y descubrimientos científicos trascendentales es tan alta (basta constatar los más relevantes de la última década) que ya vemos generaciones enteras que están siendo excluidas o quedando desorientadas.

3.     El pronóstico

Es natural hacerse entonces algunas preguntas. Se me vienen a la mente varias obvias: ¿Lograremos subsistir como sociedad? Si la respuesta fuere afirmativa, ¿cómo será esa sociedad post-singularidad? ¿Lograré yo ser parte de esa sociedad o quedaré marginado? ¿Qué características y capacidades deberá tener el ciudadano post-singularidad? ¿Puedo yo adquirir esas habilidades?

Es probable que la humanidad subsista a la singularidad, al menos por un buen tiempo, si logramos seguir controlando -y ojalá reduciendo- los altos riesgos que nosotros mismos nos hemos provocado y que nos han llevado a un equilibrio global inestable, pero además debemos lograr revertir el avance de algunos riesgos todavía fuera de nuestro control, como los del calentamiento global, que de otra manera infligirán un serio detrimento en nuestra calidad de vida y pondrán en jaque nuestra supervivencia.

No obstante, como cada nuevo cambio de paradigma nos dará menos tiempo para adaptarnos, a medida que nos acerquemos a la singularidad tecnológica la exigencia de nuevas y desconocidas habilidades individuales, conocimientos y capacidades sociales necesarias para no quedar marginados como individuos y seguir funcionando como sociedad nos llevará a un proceso continuo de selección y evolución social, a la Darwin. En este proceso aquellos individuos que no nacieron con las nuevas habilidades requeridas o que no se preocupen de adquirirlas rápidamente, simplemente quedarán socialmente marginados y serán reemplazados por aquéllos que tuvieron la fortuna de nacer con dichas capacidades o de querer y alcanzar a entrenarlas a tiempo, si es que éstas son entrenables. 


Al igual que los individuos, las sociedades que no estén abiertas y preparadas para adquirir rápidamente las nuevas capacidades necesarias caerán cada vez más aceleradamente en el caos y la pobreza y serán marginadas del desarrollo económico y político mundial. No hay para qué mirar al futuro para constatar que este fenómeno, aunque a un ritmo todavía lento, está sucediendo desde hace décadas: países que se negaron a la apertura económica, a la innovación, a la modernización de sus estados, a la concesión de libertades individuales e igualdad de oportunidades, a invertir en educar bien a sus ciudadanos, etc, quedaron marginados del desarrollo económico y político y limitaron por décadas la prosperidad y calidad de vida de sus ciudadanos.

4.     Posibles caminos y tratamientos

Un posible camino para enfrentar lo que se nos viene es aceptar que la singularidad tecnológica es inevitable y prepararnos para eso. Dado que al parecer ya estamos muy cerca de la singularidad, este camino es el más probable y requiere de una medicina bastante fuerte.

Es paradojal que en el contexto de la singularidad tecnológica no será útil ni eficiente entrenar profundamente muchas nuevas habilidades individuales y menos en los plazos que nos tomamos actualmente, pues estas nuevas habilidades quedarán obsoletas cada vez más rápidamente. Sólo hará sentido adquirir algunas de estas nuevas habilidades muy rápidamente y, por consiguiente, en forma no muy profunda.

Se infiere de esta línea de razonamiento que una de nuestras actuales capacidades, tal vez poco y mal entrenada, pasará a tomar un rol protagónico y valdrá la pena fortalecer en forma sistemática. Se trata de “la madre de todas las capacidades”: la capacidad de reconocer y adquirir rápidamente nuevas habilidades y conocimientos relevantes para enfrentar exitosamente nuevos contextos. Esa plasticidad cerebral, esa apertura y flexibilidad mental, sicológica y cultural, ese carácter y criterio que nos permiten reconocer la necesidad, seleccionar e incorporar ágilmente las nuevas habilidades y conocimientos que son relevantes para adaptarnos a nuevos contextos y demandas, a nuevos desafíos y entornos, harán la diferencia entre la subsistencia exitosa y la marginalidad. Un desafío similar tendrán los estados y la sociedad como un todo.

Es evidente entonces la brecha que se ha generado en nuestro sistema educacional “mainstream” tanto escolar como universitario en el contexto del cambio de paradigma, con metodologías de hace décadas (que aunque se disfracen con tecnología contemporánea siguen siendo metodologías obsoletas) que implantan a la fuerza contenidos del siglo XVIII y no entregan herramientas ni forman el carácter para convertir la mente en una fuente permanente de adaptabilidad y de adquisición ágil de nuevas habilidades; más bien se las arreglan para rigidizar la mente de los educandos. Claramente seguimos necesitando una revolución en la educación; no se trata solo de un problema de calidad, financiamiento y acceso.

El desafío va mucho más lejos, pues debemos mantener esa capacidad de adquirir nuevas habilidades durante toda nuestra vida si no queremos caer en la marginalidad a temprana edad. Difícil desafío sabiendo que nuestra mente se va rigidizando en el tiempo, vamos cayendo y quedándonos en las “zonas de confort” y perdiendo esa plasticidad natural de nuestra juventud. Tendremos que hacer cambios profundos en nuestros hábitos, incorporar en nuestra disciplina un entrenamiento permanente de la mente y del cuerpo, preocuparnos de mantener una buena alimentación y salud, etc.

La tecnología nos ayudará en este desafío probablemente dentro de las próximas décadas con el desarrollo de mecanismos de adquisición acelerada de habilidades y conocimientos que nos permitirán implantar en horas nuevas capacidades en el cerebro, lo que con los métodos actuales tomaría meses o una eternidad.

Desde ya, algunas de las nuevas habilidades que nos está exigiendo el actual cambio de paradigma incluyen:

         1) La capacidad de administrar la saturación informativa:
a.      La habilidad de búsqueda y filtro de información relevante
b.     La habilidad de síntesis
c.      La habilidad de intuir el camino en contextos de alta complejidad y exceso de información
         2)     La capacidad de interconexión y atención múltiple
         3)     La capacidad de toma de decisiones rápidas
         4)     etc

Aquéllos con la capacidad de administrar la saturación informativa tienen una ventaja enorme a la hora de informarse para tomar decisiones rápidas y efectivas. Aquéllos que no sepan cómo administrar la saturación informativa verán ralentizadas sus decisiones y perder efectividad y oportunidades. Al menos en lo que respecta a la búsqueda y filtro de información es probable que pronto la tecnología provea herramientas para pre-procesar grandes volúmenes en forma automatizada desde múltiples fuentes y entregarnos un compendio a la medida de nuestras prioridades, de nuestros intereses y agendas.

En el caso de la capacidad de interconexión y atención múltiple estamos hablando de palabras mayores. De acuerdo a Carr el sólo hecho de estar enfrentado a la Internet está produciendo estragos en el cerebro humano y nos está haciendo perder rápidamente otras habilidades que actualmente son importantes (está por verse si esas otras habilidades que perdemos por la exposición a Internet seguirán siendo importantes en el futuro). De todas formas, el desarrollo de las capacidades de interconexión y atención múltiple podría requerir otro entramado neuronal y hasta una mutación de nuestro cerebro (vía selección y evolución social).

Por otro lado, es posible que haya una parte importante de la sociedad que reaccione a la singularidad tecnológica aislándose y renunciando al progreso, aglutinándose geográficamente en comunidades autosustentables y anti-progreso, que no estarán dispuestas a aceptar la vorágine que significará la singularidad tecnológica en sus vidas. Estas comunidades representarán el sentimiento de muchos y nos podrían eventualmente arrastrar a una segunda “Edad Media”.

Un tercer camino, intermedio, poco popular y difícil de llevar a la práctica (aunque sí lo vemos en varias naciones actualmente), sería proactivamente ralentizar el avance tecnológico y, a través de la introducción de regulaciones y controles, forzar la generación de intervalos entre los mindsteps para dar tiempo a la sociedad de adaptarse, evitando así la singularidad tecnológica y el estrés que ésta puede acarrear.

5.     Conclusiones

Existe bastante evidencia que respalda la teoría de que estamos ante un gran cambio de paradigma en la historia de la humanidad y que, además, nos aproximamos aceleradamente a la “singularidad tecnológica” de G Hawkins, donde nuevos grandes cambios sucederán cada vez más frecuentemente y sin intervalos, sin dar tiempo a la humanidad para adaptarse.

No puede la humanidad, como lo ha hecho hasta ahora, seguir dejándose “llevar por la corriente” del desarrollo sin reaccionar, sin actuar proactivamente para entender, prepararse y tomar el control de lo que se nos viene, de nuestro destino.

Cual sea el camino que finalmente decidamos seguir, el mundo debe darle más relevancia y foco a este debate y generar un plan y una recomendación para todas las naciones. El mundo que heredaremos a nuestros hijos y nietos depende fuertemente de lo que seamos capaces de preparar, anticipar y prevenir ahora.

Sunday, December 18, 2011

Saludo de Navidad y año nuevo para Chile

Vayan mis mejores deseos de felicidad, éxito y prosperidad para todos los chilenos y extranjeros que habitan estas tierras, en esta Navidad y siempre.

Que sigamos avanzando a paso firme en la construcción de un país de respeto e igualdad de oportunidades.

Que aprendamos a manifestar nuestros desacuerdos, con el buen uso del intelecto, de la justicia y del corazón, a través de un debate abierto, inteligente, constructivo y generoso, dejando atrás las piedras, la violencia, las descalificaciones y la destrucción. Que aprendamos que para llegar a buenos acuerdos normalmente ambas partes deben ceder en algo.

Que aprendamos que lo importante es siempre ir avanzando hacia las grandes metas, construyendo soluciones suficientemente buenas y mejorando dichas soluciones en el camino, en vez de quedarnos pegados sin avanzar a la espera de soluciones perfectas.

Que aprendamos a alegrarnos del éxito ajeno, a ayudar a levantarse al que fracasa y a compartir generosamente los éxitos propios.

Que aprendamos que para llegar a destinos lejanos hay que partir planificando el viaje, equiparse adecuadamente, ayudar a los que se quedan atrás y no olvidar los valores y la disciplina necesarios para no perder el rumbo, la moral ni el ritmo.

Que recordemos que nuestros derechos son el resultado del cumplimiento de nuestros deberes y que un país virtuoso se construye con el aporte, la creatividad, el trabajo y la generosidad de todos sus ciudadanos.

Pero ante todo, que cuidemos, disfrutemos y reconozcamos todo lo bueno que ya hemos construido con tanto sacrificio y esfuerzo. Que seamos agradecidos y respetuosos del país que tenemos -que muchos se lo quisieran-, que aprendamos a ver también "la parte media llena del vaso" y que sigamos construyendo sobre lo que ya hemos construido, con entusiasmo, honestidad, generosidad y visión de largo plazo.

Y que cuando seamos abuelos podamos decir con satisfacción que "ayudamos con nuestro grano de arena a construir un mejor país para nuestros nietos".

Son mis deseos para Chile.

¡Un fuerte abrazo!

Sunday, December 4, 2011

La paradoja de las tarjetas de crédito del retail II

En mi columna de julio del 2011 (http://sergiomendozaco.blogspot.com/2011_07_01_archive.html) planteé lo que me parecía una paradoja en el modelo de negocios de las tarjetas de crédito del retail. Para resumir, este modelo, que invita al consumo inmediato con pago futuro en cuotas a cambio de un costo total bastante mayor que el precio “spot”, lleva a las personas de menos ingresos a la larga a pagar mucho más por la compra de sus productos que lo que pagan aquéllos con más ingresos. El retailer genera importantes márgenes con los intereses cobrados a los más pobres, lo que les permite mantener atractivos los precios "spot" de sus productos. De pasada entonces, los ricos se benefician de buenos precios “spot” dado que pagan en forma inmediata. Ésta es la paradoja del modelo, que invierte los fundamentos del revenue management, haciendo que los consumidores con menor disposición a pago paguen más que aquéllos con más disposición a pago, y, por lo tanto, en definitiva haciendo que los pobres subsidien a los ricos. A simple vista entonces, este modelo parece no sustentable y socialmente ineficiente.

Sospecho que este modelo, si bien ha incentivado fuertemente el consumo y el comercio y, por lo tanto, ha contribuido al crecimiento y desarrollo económico, también está contribuyendo fuertemente a la desigual distribución de la riqueza en Chile. Esta tesis por sí sola da para mucho más que una columna y aclaro que no es el propósito de la presente. Más bien quiero retomar algunas de las otras inquietudes que quedaron planteadas en mi columna de julio:

¿Por qué los consumidores más pobres deciden endeudarse hasta el punto de mermar su solvencia financiera y estándar de vida futuros? ¿Hay un problema de falta de información, de falta de transparencia, o de falta de educación de los consumidores más pobres, que los lleva a tomar decisiones que atentan contra su bienestar futuro?

El problema planteado en dicha columna quedó abierto y agradezco los muy buenos comentarios y esfuerzos en explicarla, que también son un importante input para la presente discusión. Intentaremos ahora dar con una explicación definitiva a la paradoja.

Hace algunas semanas un amigo me hizo llegar una muy interesante publicación (E.W. Dunn et al: “If money doesn’t make you happy, then you probably aren’t spending it right”,  Journal of Consumer Psychology 21 (2011) 115-125, http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1057740811000209) que me ha servido para entender mejor por qué los consumidores hacen posible mantener este modelo que a simple vista parece poco racional y no sustentable.

Dicho paper trata de cómo utilizar mejor el dinero para aumentar la felicidad individual. Y justamente una de las ocho recomendaciones o “principios” que los autores proponen para aumentar la felicidad es evitar el consumo inmediato con pago futuro. Tomaré prestadas algunas de las excelentes piezas de información experimental aludidas en dicha publicación (no repetiré aquí las referencias) para elaborar mis siguientes argumentos.

De las investigaciones y de la evidencia experimental se infiere un impacto negativo medible en la felicidad de los consumidores por usar el crédito para consumir en forma inmediata y pagar en el futuro. Este perjuicio en la felicidad se produce debido a que la compra con crédito:

1)     lleva al consumidor al aumento paulatino de sus deudas, reducción de sus ahorros y detrimento de su pensión de jubilación;
2)     elimina la “anticipación”, esa fuente gratis de felicidad asociada a la expectativa del consumo futuro que puede incluso producir más felicidad que el mismo consumo (ver figura 1)
3)     elimina la incertidumbre asociada al consumo futuro cuando no se sabe en qué se va a gastar el dinero. Y esta incertidumbre también es una fuente de felicidad;
4)    hace cambiar negativamente la elección de los productos a consumir, pues el consumo inmediato tienta a las personas a caer en vicios, a elegir productos que generan placer inmediato pero costos en su salud.



Es decir, al comprar productos a crédito los consumidores no sólo incurren en mayores costos económicos, sino que además reducen en forma considerable su potencial de felicidad.

Volvemos a preguntar entonces: ¿por qué los consumidores eligen comprar a crédito aun con los altos costos de bienestar que este sistema acarrea?

He aquí una de las claves para responder la pregunta que queremos responder: las investigaciones experimentales muestran que el consumo presente ejerce una muy poderosa fuerza sobre la mente del consumidor, que lo lleva al sesgo de “anhedonia futura”, es decir, al error de siempre subestimar el placer que sentirá por consumir un producto en el futuro (en comparación al placer que realmente termina sintiendo al consumirlo). Este hecho es sorprendente y su causa raíz no está explicada en el paper.

Sospecho que este comportamiento sesgado de la mente humana se explica como un fenómeno evolutivo de supervivencia de la especie, pues, ante la escasez, tendrá más probabilidad de sobrevivir aquél que antes pueda consumir, independiente del impacto de largo plazo de lo que consume o de lo que deba entregar a cambio para lograrlo, incluso si se trata de sacrificar su bienestar futuro o su libertad.

Por otro lado, en las decisiones de deuda también actúa una componente de expectativas positivas del consumidor, que lo llevan a estimar un crecimiento de sus ingresos futuros cuando el país y los sueldos crecen sostenidamente. Es natural que en este escenario los consumidores tiendan fácilmente a gastar en forma anticipada los ingresos adicionales que esperan obtener en el futuro. Sin embargo, esto también representa un error o sesgo por parte del consumidor, en este caso en la proyección de sus ingresos futuros, pues no considera la probabilidad de una crisis económica o simplemente de perder su fuente de sustento. Naturalmente, ante una caída en el crecimiento económico o la pérdida de su fuente de sustento, la deuda termina encerrando al consumidor en una situación muy compleja.

¿Cómo cambiaría el comportamiento del consumidor si los retailers publicaran junto al precio “spot” el precio total en cuotas (además de la cuota)? Creo que muchos consumidores no saben hacer o simplemente no se dan la molestia de hacer el cálculo del costo total en cuotas. Si tuviesen a la vista el costo total en cuotas y lo compararan con el precio spot probablemente muchos preferirían hacer el esfuerzo de ahorrar hasta contar con el dinero suficiente para comprar y pagar en forma inmediata (ver figura 2).





En resumen, existen fuertes asimetrías de información en las decisiones de consumo de aquéllos que usan el crédito para comprar productos del retail. Al momento de tomar la decisión de compra muchos consumidores sobrestiman sus ingresos y capacidad de pago futuros o bien no tienen toda la información, el conocimiento o la capacidad para estimar los riesgos y los costos económicos y emocionales asociados a la opción de “consumo ahora y pago después”. Esto hace que los consumidores permitan sostener un modelo de negocio que va contra los principios del revenue management y que, por consiguiente, nos parece poco sostenible e ineficiente.

Es esperable que educando mejor al consumidor y entregándole más datos relevantes para la toma de decisiones en la línea de eliminar las asimetrías de información discutidas aquí, éste cambie considerablemente su comportamiento de consumo con crédito, tomando decisiones más racionales, reduciendo sus riesgos e incrementando sus niveles de ahorro y felicidad futura. Un esfuerzo en esta dirección podría además contribuir a reducir la brecha en la distribución de la riqueza en Chile.

Sunday, October 16, 2011

Del libre albedrío, la Mecánica Cuántica y la existencia de Dios. Comentarios al libro de S Hawking y L Mlodinow "The Grand Design"

Acabo de leer "El Gran Diseño", de Stephen Hawking y Leonard Mlodinow ("The Grand Design",  Amazon: http://amzn.to/qa58kC), el que me pareció un buen libro. Debo reconocer que los libros de Hawking en general me han resultado bastante lateros y la publicidad tipo “best seller” que los acompaña genera expectativas que rara vez se me cumplen. Pero este último ha sido muy estimulante, me ha hecho volver a meditar sobre cosas filosóficas que ocupaban y revolvían mi cabeza en la secundaria.

¿Qué ha cambiado en estas últimas tres décadas que me haga volver a temas que a la mayoría de los mortales probablemente les parecen inútiles? Primero, que la ciencia y la tecnología han logrado avances increíbles que están teniendo un gran impacto en la ética, en la religión y en la filosofía y, en segundo lugar y la razón de ser de esta columna, que Hawking y Mlodinow formulan y argumentan un par de postulados acerca de los cuales quisiera compartir algunas reflexiones. Postulados que no son nuevos en el debate filosófico, pero que los autores ahora defienden con nuevos argumentos científicos y especulativos. Estos postulados son tan trascendentes para la vida humana y esta vez los argumentos vienen de un científico de tanto peso -como es Hawking-, que creo no pueden dejar de ser reflexionados y debatidos en un mundo que busca construir un futuro mejor.

El primer postulado

¿Qué me llevó al libro? Leí por ahí que en "The Grand Design" Hawking llega a la conclusión de que la existencia de Dios no es necesaria para la existencia del universo. Me bastó con este anzuelo…

Una completa comunidad de científicos viene desde hace décadas intentando entender el origen del universo, intentando descifrar qué sucedió en los primeros instantes después del Big Bang y cómo se comporta la materia sometida a esas condiciones extremas. De eso trata la física de partículas, para eso son sus billonarias inversiones en aceleradores y colisionadores. Y desde los tiempos de Einstein la búsqueda de una “teoría unificada“, aquélla que pueda integrar en forma consistente todas las leyes fundamentales de la naturaleza en una sola “ley unificada” (tal como en su momento Maxwell descubre la ley del Electromagnetismo, la que unificó las leyes de la Electricidad y del Magnetismo) ha quemado las neuronas de miles de físicos. Por su lado, Hawking ha querido ir aun más lejos, ha estado intrigado por mucho tiempo con la pregunta de qué pasó antes del Big Bang, qué dio origen al Big Bang.

En esta larga travesía intelectual los físicos de partículas y los cosmólogos, en un trabajo colaborativo titánico han ido constatando que la conceptualmente simple pero a la vez operativamente más compleja de las teorías que se haya elaborado, la llamada “Teoría M” (o “Teoría de Súper-Cuerdas”), ofrece respuestas satisfactorias a algunas de las brechas existentes. En particular, la Teoría M es la primera que sí es capaz de acoger en forma consistente los dos extremos de la física: el universo a gran escala y el comportamiento de la naturaleza a escala subatómica. En un extremo obtenemos la Relatividad General de Einstein y en el otro la Mecánica Cuántica.

Hasta aquí todo bien. Mejor dicho ¡todo demasiado bien! Pues Einstein, después de su formidable creación de la Teoría General de la Relatividad dedicó el resto de su vida a buscar solitariamente una teoría unificada que nunca logró encontrar. Y he aquí entonces el origen de la discusión que queremos sostener: la misma Teoría M construida a lo largo de estas últimas décadas, que se valida dando respuesta a algunas preguntas abiertas desde los tiempos de Einstein, a su vez predice cosas inesperadas e insólitas, no obstante factibles.

En primer lugar, la Teoría M predice que nuestro universo tiene 10 dimensiones espaciales y una dimensión temporal; 7 de las 10 dimensiones espaciales son microscópicas, están enroscadas y por eso no las percibimos. Nuestra vida cotidiana se desenvuelve en 4 dimensiones: una temporal y 3 espaciales (me pregunto si hay gente capaz de percibir alguna de esas otras dimensiones, si parte de nuestro ser inconsciente o consciente se proyecta en ellas...).

En segundo lugar, y ésta es la evidencia más potente en el hilo argumental de los autores, esta teoría predice la existencia de infinitos universos paralelos. Cada uno de estos universos sería el resultado de aplicar los fundamentos de la mecánica cuántica (“historias de Feynman”) al espacio-tiempo de 11 dimensiones. Cada posible forma de este espacio-tiempo de 11 dimensiones (por ejemplo, un espacio-tiempo con 5 dimensiones espaciales extendidas y 6 enroscadas) genera un conjunto diferente de valores para las “constantes universales” (es decir, la velocidad de la luz “c”, la constante de Newton “G”, etc), que a su vez son ingredientes claves de las leyes fundamentales de la naturaleza, pues determinan la intensidad de las fuerzas, las masas de las partículas elementales que forman la materia, etc y, por consiguiente, determinan la física y el comportamiento de cada universo. Es decir, esta ley unificada, representada en la Teoría M, es una suerte de sistema “paramétrico” de leyes fundamentales de la naturaleza, no obstante, la forma matemática subyacente de estas leyes es la misma para todos los universos paralelos.

Por otro lado, se sabe (a través de simulaciones computacionales) que pequeñas alteraciones a los valores de las constantes universales como las conocemos hoy, pequeños cambios a los valores de este conjunto de parámetros explícitos en las leyes fundamentales, descalibrarían seriamente al universo, generando desviaciones considerables en el comportamiento de los fenómenos físicos que resultarían en un universo muy distinto al que conocemos. Ese universo “descalibrado” sería incapaz de albergar la vida.

Entonces, el milagro de la vida como la conocemos, esta maravilla de la Creación de la que somos parte y que para muchos es prueba suficiente de la existencia de un Dios que diseñó con un propósito, no sería tal. Este milagro aparente que somos y en el que vivimos sería solo la expresión de una de esas infinitas instancias de universos que la ley unificada de la naturaleza permite coexistir. Si realmente existen estas infinitas instancias de universos con una misma ley subyacente entonces no es un milagro que al menos una de éstas permita y albergue el origen de la vida, la evolución y nuestra propia existencia como seres inteligentes y conscientes.

Más aun, la misma Teoría M no requiere de un “antes del origen” del universo, pues en el origen, cuando la inmensidad de la materia del universo estaba concentrada en un punto y, por consiguiente, cuando los dos extremos de la física -la Relatividad General y la Mecánica Cuántica- se superponían en un abrazo cósmico, el tiempo no existía como tal, el tiempo era sólo una dimensión espacial más.

Por último, los autores especulan que el universo tiene una energía total igual a cero. Según los autores es probable que la energía gravitacional negativa del universo compense a todas las otras formas de energía positiva. Por consiguiente, cada uno de los universos permitidos por la Teoría M se crearía de la nada, por generación espontánea, sin la necesidad de una fuente de energía inicial.

En resumen, por todas estas razones, algunas científicas y otras especulativas, de acuerdo a Hawking & Mlodinow no fue necesaria la acción de un dios para crear y energizar el universo que habitamos; toda la maravilla que vemos y sentimos es simplemente una de las infinitas posibilidades que permite la Teoría M; la creación de estos infinitos universos se produce en forma espontánea, sin la necesidad de una fuente de energía previa y su evolución es normada por las leyes fundamentales de la naturaleza.

No obstante contener implícitamente bastante evidencia científica (y matemática), y aun concediéndole validez a sus especulaciones, la argumentación esgrimida por los autores para demostrar la no necesidad de la existencia de Dios para explicar la creación de nuestro universo no es más que retórica. Permítanme utilizar una analogía: supongamos que llegan los extraterrestres a la Tierra el año 2025 en búsqueda de vida inteligente y aterrizan en Japón en una fábrica 100% robotizada de automóviles, donde no hay ni un rastro de vida inteligente. Asumiendo que estos extraterrestres son seres inteligentes (al menos tan inteligentes como nosotros), ¿sería esperable que su primera conclusión fuese que no fue necesaria la existencia de vida inteligente para construir esos automóviles, pues los robóts están regidos por programas computacionales invariantes en el tiempo? Sin duda que no. Sin duda que la primera pregunta que un ser medianamente razonable se haría sería ¿quiénes y cómo son los seres inteligentes que construyeron y programaron esos robóts para que construyeran esos automóviles? (Y probablemente la segunda pregunta sería ¿y dónde están esos seres inteligentes ahora?)

La existencia de infinitos universos paralelos no demuestra que la existencia de Dios sea innecesaria para la existencia de nuestro universo particular, sino más bien nos hace llevar la pregunta de la existencia de Dios a un nivel causal anterior.

Volviendo a nuestra analogía, de la misma forma en que los extraterrestres ante la evidencia de los robóts que explican la existencia de los automóviles en La Tierra se preguntarían por el origen de los robóts más que por el origen de los automóviles, ante la posibilidad de infinitos universos paralelos nos cabe ahora la pregunta: ¿quién es el ser o quiénes son los seres (infinitamente más inteligentes que nosotros) capaces de construir un sistema regido por una ley unificada que produce espontáneamente infinitos universos, cada uno con una manifestación distinta de esta ley unificada, y al menos uno de esos universos capaz de generar la vida, la evolución y la inteligencia?

Reconocemos que la existencia de infinidad de universos paralelos es un argumento fuerte para demostrar la no necesidad de la intervención directa de un creador en la fijación de los valores específicos de las constantes universales del universo que nos ha tocado habitar. No obstante, esto no invalida la necesidad de la intervención de un creador (o creadores) en la definición de la forma matemática de la ley unificada de la naturaleza, esa forma matemática que es capaz de dar origen a infinitos universos, cada uno con una manifestación distinta de la misma ley unificada. Y es que sólo gracias a su particular forma matemática la ley unificada de la naturaleza permite que una de las infinitas manifestaciones sea justamente el universo que conocemos. Si la forma matemática de esta ley unificada fuese distinta, el conjunto infinito de universos que generaría también sería distinto, y no existiría nuestro particular universo dentro de esas infinitas posibilidades.

Puesto de otra forma: es muy improbable que la ley unificada que rige la naturaleza sea la que es por mera casualidad. Alguien parece haberla definido con la compleja estructura matemática que tiene para que en un proceso de infinita y continua creación (espontánea o no) en uno de sus “intentos” pudiera dar origen a nuestro universo capaz de generar la evolución, la vida, la inteligencia y la consciencia.

El segundo postulado

Basándose en la evidencia de la existencia de leyes de la naturaleza que rigen la evolución de nuestro universo, los autores postulan que el mundo es determinista, que todo lo que sucederá en el futuro está determinado en forma única por el presente y por las leyes fundamentales actuando sobre la naturaleza a partir del presente.

Se infiere de esta afirmación de los autores que no tenemos libre albedrío, que no podemos afectar el curso de la historia, que todas nuestras acciones y nuestras decisiones estarían unívocamente determinadas por las leyes fundamentales de la naturaleza y el estado inicial del universo. Por esta misma razón entonces tampoco existirían ni el bien ni el mal, ni las responsabilidades ni los méritos, pues si no tenemos cómo alterar el curso de los hechos la vida nos lleva como la corriente de un río lleva a un bote sin remos.

Podríamos aceptar de buena gana este postulado, adoptándolo como filosofía de vida, incluso como una religión. Sería una excelente excusa para todas nuestras malas acciones, mediocridades y omisiones.

Lo que no profundizan los autores -y he aquí la primera falencia de sus argumentos- es que ni la Mecánica Clásica ni la Teoría de la Relatividad son realmente deterministas (llevadas a ciertos extremos quiebran el determinismo). Con mucho menor razón lo es la Mecánica Cuántica, que explícitamente describe los procesos naturales microscópicos como procesos intrínsecamente estocásticos. La Mecánica Cuántica predice con gran precisión la evolución de las probabilidades asociadas a los números cuánticos (y en ese sentido puede pensarse como una teoría “virtualmente determinista”), pero definitivamente no es determinista a la hora de predecir los números observables propiamente tales, sino que, por el contrario, la Mecánica Cuántica entrega sólo un conjunto de probabilidades asociadas al conjunto de posibles soluciones a sus ecuaciones.

En segundo lugar, el principio de incertidumbre de Heisenberg nos pone límite a nuestra capacidad de conocer y medir en forma exacta y simultánea el estado de la naturaleza en todas sus variables observables. Por muy precisas que sean las predicciones de una teoría, nunca serán exactas en todas las variables que predicen. Sólo hay teorías con más o menos poder predictivo. Por mucho que seamos capaces de desarrollar una teoría determinista con alto poder predictivo, ésta no sería más que una muy buena aproximación a la realidad y, por lo tanto, no sería una demostración del determinismo de los fenómenos naturales.

Por último, ¿no es evidente la vivencia que tenemos de libertad de elección cuando tomamos decisiones? Sería muy paradójico que teniendo una fuerte sensación de libre albedrío no lo tuviésemos realmente; sería muy extraño que fuese solo un espejismo. Hay varias otras “sensaciones” o intuiciones erróneas en el ser humano, ésta no sería la primera entonces, pero estas paradojas son rarezas improbables. ¿Cuál sería la explicación evolutiva de tal paradoja?

Entonces, me parece que a diferencia de lo que postulan los autores, tanto las posibilidades que dejan abiertas las teorías físicas más aceptadas como nuestra propia evidencia vivencial sugieren que nuestra voluntad y nuestra libertad de elegir sí son reales, que como seres inteligentes y conscientes sí podemos influir en el curso de los hechos y en la evolución de los fenómenos naturales y que enfrentados a varias alternativas sí podemos libremente “cargar la moneda” de los procesos (estocásticos) más hacia un lado que hacia otro. Por lo tanto, sí somos en buena medida responsables de nuestras acciones y decisiones.

Todo esto sucede a nivel microscópico en nuestro cerebro, gobernado por nuestra mente, donde un sinnúmero de estímulos compiten por la atención de nuestra voluntad consciente. Es allí donde nuestra libertad enfrenta al rigor de las leyes fundamentales que gobiernan nuestra naturaleza corpórea y energética. Es allí donde, mientras más alta la probabilidad de que los estímulos que bombardean nuestro cuerpo y nuestra mente nos lleven por un camino, más grande deberá ser la fuerza de voluntad para contrarrestar dicha probabilidad y poder irnos por un camino diferente. Es para luchar contra nuestra naturaleza animal corpórea que el ser humano, a diferencia del resto de los animales, se ejercita en la voluntad, se equipa de ideales y de valores, se educa y se pone metas consistentes con esos ideales y valores. Estas metas, junto a los valores e ideales van guiando las acciones y las decisiones libres del hombre. Pero estos ideales, valores, educación y metas son sólo una buena guía de vida, no determinan unívocamente las decisiones y las acciones del hombre y, como un todo, esta guía de vida también es una suscripción voluntaria: podemos libremente elegir cambiar nuestras creencias religiosas, adscribir a otro conjunto de valores, o bien no adscribir a nada y “vivir la vida loca”.

Por supuesto que podríamos elegir no intervenir en el curso de los hechos, dejar a un lado nuestra voluntad, dejarnos llevar por el determinismo virtual de la Mecánica Cuántica, y que los estímulos más fuertes vayan determinando las respuestas más probables, vayan definiendo nuestro futuro. En ese caso nada nos diferenciaría de los animales, de las plantas y de los objetos inertes que nos rodean.

Existe un territorio aún muy fértil para la ciencia en el estudio de cómo funciona el proceso de toma de decisiones conscientes del ser humano. ¿Podremos algún día demostrar científicamente la existencia o no del libre albedrío?

Tal vez el experimento más puro consistiría en analizar muchas veces cómo una persona en un mismo estado inicial cada vez (incluyendo su edad y todo el contenido de su memoria), enfrentada exactamente a los mismos estímulos cada vez, toma sus decisiones. El determinismo llevaría a esta persona a tomar siempre las mismas decisiones y ejecutar siempre las mismas acciones. Por otro lado, el libre albedrío llevaría a esta persona a no tomar siempre las mismas decisiones, comportamiento que debiera quedar manifiesto especialmente si ponemos a esta persona frente a estímulos que apuntan con suficiente fuerza contra sus ideales y valores. Por supuesto esto, como lo planteo aquí, es sólo un Gedankenexperiment, irrealizable. Tal vez hay formas de simplificar el experimento para hacerlo más realizable, relajando algunas de las condiciones, pero podríamos terminar anulando su valor científico.

Otro posible experimento, tal vez realizable, sería estudiar si la mente y la voluntad del hombre pueden influir en el resultado de un fenómeno cuántico, “cargando la moneda” de sus probabilidades más para un lado que para otro. Si esto fuese posible entonces demostraríamos que la mente y la voluntad del hombre pueden ejercer “libre albedrío cuántico” (es decir, influir sobre las probabilidades del resultado de fenómenos microscópicos, más que directamente sobre el resultado de dichos fenómenos) sobre los estímulos que reciben en el cerebro y, por lo tanto, sobre las decisiones y las acciones que realizan a partir de esos estímulos.

Por último, si la vivencia de libre albedrío fuese sólo el resultado de la alta complejidad de nuestro cerebro, como parecen sugerir los autores, y no la expresión real de la libertad de elegir y decidir frente a caminos alternativos, deberíamos ser capaces de construir sistemas suficientemente complejos que mostraran un comportamiento similar al nuestro. Si estos sistemas están gobernados por leyes totalmente deterministas (como en el experimento computacional del Juego de la Vida, de Conway), es obvio que no serán capaces de reproducir el comportamiento humano, el cual está lleno de incertidumbres, dudas, errores, aprendizajes, arrepentimientos, etc. Por otro lado, si construimos un sistema complejo gobernado por leyes estocásticas (una versión del Juego de la Vida, pero con leyes estocásticas), debiera producir resultados más cercanos al comportamiento humano. Este sistema mostraría cierto nivel de incertidumbre, no sería totalmente predecible. No obstante, sus respuestas tendrían distribuciones de probabilidad totalmente definidas, es decir, desde el punto de vista del determinismo, sería un sistema virtualmente determinista, como la mecánica cuántica. Pero esto tampoco es lo que observamos en el ser humano. Lo que observamos en el comportamiento humano está un paso más allá: el ser humano actúa como un sistema “virtualmente estocástico”, es decir, las distribuciones de probabilidad de sus decisiones no son fijas pues él mismo las va alterando tácticamente, haciendo ejercicio de su libertad.

Por algo los economistas se rompen la cabeza tratando infructuosamente de entender y predecir el comportamiento del ser humano, pero lamentablemente se equivocan en el primer postulado básico cuando asumen que éste toma decisiones racionales. El ser humano definitivamente no actúa como una máquina racional cuyas respuestas estén siempre determinadas por una lógica preestablecida e invariante, por un objetivo de maximización de su utilidad, de su felicidad o de acercarse a un ideal y ejercitar un conjunto de valores. Estos objetivos existen, pero no sólo van variando en el tiempo, sino que además actúan sólo como una buena guía para sus decisiones y para sus acciones, pues finalmente sus decisiones son impredecibles, son no modelables, son libres.

Reflexiones finales

Muchísimo ha avanzado la ciencia en las últimas décadas en la comprensión de la naturaleza y del universo. Esto se ha traducido en un tremendo poder para el hombre, como nunca antes provisto de herramientas que le permiten alterar el curso de la vida, el futuro del planeta y de nuestra propia especie. El avance de la ciencia es tan rápido que supera con creces nuestra capacidad de madurar como especie y las que parecen ser herramientas para mejorar nuestra calidad de vida pueden transformarse en armas mortales, como un revólver en manos de un niño.

Mientras más el hombre comprende la naturaleza más se aleja de Dios y más se acerca a Dios. Se aleja de Dios porque la religión empieza donde termina la ciencia y ésta avanza a paso seguro, dejando cada vez menos explicación de lo que nos rodea en terreno de la religión, como los colonos que avanzan por la selva y van arrasando con todo en el camino para establecer sus campamentos. Pero simultáneamente el hombre se acerca a Dios, pues mientras más avanza la ciencia más nos damos cuenta de la impresionante y misteriosa estructura matemática del universo, estructura que alguien parece haber dejado programada para que en infinitos intentos finalmente diera origen a todo lo conocido y a una creatura capaz de comprender la obra del mismo Creador. Una creatura cuya curiosidad, vanidad, soberbia y ambición pueden llevarla a su autodestrucción, o cuya sabiduría y ejercicio de su libre albedrío en pos de un bien superior pueden llevarla a descubrir que los misterios del universo expresados en la teoría unificada en realidad tienen un sentido trascendente.